Esto que leeran a continuación lo comence a escribir hace como cuatro meses. Lo he terminado, he corregido errores ortográficos y editado pequeños detalles y palabras fuertes de manera que pueda ser publicado en este gabinete que parece extinguirse y el cual esta siendo rescatado con el heroico esfuerzo del Oso y Tocineta quienes han sido parte del comite de sensura nombrado ad-hoc para tales propositos.
Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.
Ir a la casa de Dos de Mayo el viernes por la tarde después del colegio significaba para mí el final del stress y el comienzo de la diversión y el peligro. Era la tregua que mi salud mental necesitaba para aplacar la fatiga espiritual y mental que el colegio La Recoleta causaban en mí.
Yo aborrecía profundamente a algunos curas y a la mayoría de los profesores, empezando por el hipócrita del Padre Armel y su sonrisa vitalicia que nunca me trasmitió nada bueno, solo la recuerdo como preludio de una papeleta, amonestacion, memorando o suspensión, documentos que recibía muy a menudo, y no por ser un niño malo, mas bien por mi incapacidad de adaptación a un sistema represivo y retrograda en donde el criterio para educar no contemplaba al niño como a un ser humano sino como una máquina de acumular conocimientos y cumplir ordenes, para lo cual yo no era muy bueno si es que no había ningún tipo de estímulo y lo cual me valió quedar ubicado bajo la mira de estos ignorantes que me mandaban a visitar al Padre Armel muy a menudo, logrando la expulsión definitiva del colegio en segundo de media después de obtener un record de 11 jalados, pésima conducta y dos aprobados: Religión y educación física; mi absoluta falta de interés fue una reacción natural ante la ausencia de cariño, sin mencionar el castigo físico del que fui victima y testigo como la jalada de patillas hasta el estado de levitación, el cocacho certero, la cachetada, el famoso reglazo con la regla de canto y la arrodillada en chapitas, aporte espontáneo de la Picoepajaro a las técnicas disciplinarias, profesora de francés que se gano ese apelativo por las groseras dimensiones de su repugnante nariz. Cada mañana, al subir al ómnibus, el #5, nos obligaba a mí a mi hermano Daniel a sentarnos en el mismo asiento que ella. Como yo era menor, quedaba entre Daniel y la bruja, convirtiendo cada mañana en un suplicio, a manera de introducción a lo que seria la estresante jornada escolar que no tardaría en empezar.
Por suerte el padre José era amigo de mi Vieja, de la que me libre!. Ese desgraciado, de quien se decía que era cabro aunque yo creo que solo era amanerado , golpeaba a los alumnos con una crueldad sin igual y una técnica depurada con lo que consiguió ser uno de los mas temidos. Recuerdo su combinación de jalada de patillas con cachetadon inmediato casi antes de que las plantas de los pies vuelvan a tocar el suelo… que miedo!!.
Mi expulsión de la Recoleta fue casi una tragedia familiar, mis padres ya tenían demasiada carga como para tener que lidiar con este nuevo problema…. La solución: Internado en Cieneguilla. A mi hermano José lo mandaron conmigo para que me acompañe. El fue un alumno aceptable y jugaba muy bien fútbol en el colegio, tenía muchos amigos y estaba contento en La Recoleta por lo cual la noticia le cayó como un baldazo de agua fría y el cambio le choco notoriamente. Indirectamente fui culpable de su cambio a este nuevo colegio de carácter campestre, al que ya después de pocos meses se acostumbro, no se olviden que Pompi siempre nos llevaba a Cieneguilla de campamento, por lo que no le fue difícil adaptarse. Tuve suerte de que lo hayan mandado conmigo, fue una gran compañía y la pasamos increíble; fue toda una aventura para ambos y fue allí donde él tan solo a los doce años tuvo su primera enamorada, Claudia Bustamante, una chica muy dulce y bonita con quien José hizo sus primeros pininos en el amor y a quien con gran arrojo y decisión, en una manifestación espontánea de autentico y puro amor, le diera la mano a la salida de una fiesta, en la calle principal de Cieneguilla, en donde todos caminábamos en dirección al colegio casi a oscuras entre el murmullo de la noche estrellada y el fuerte olor a clima seco y vegetación tupida. Ella era hija de un narco que vivía atrás del colegio antes de que lo metieran preso y hermana de mi amigo Jorge, quien es ahora un Capitán corrupto de la policía nacional. Desafortunadamente Claudia murió algunos años después victima de la leucemia.
Mi razón me dice que no debo hablar sobre estos recuerdos que ahora mismo, en el transcurso de este relato, se me agolpan en la mente, hechos que ocurrieron a pocos meses de empezar el año escolar en este cuasi-correccionario, pero el corazón y la conciencia me dictan que sea honesto y lo haga. Así como dice la salsa: “me dice el corazón, pero me dicta la conciencia….” Igualito !, por ello, e inspirado en la franqueza y autenticidad con las que diariamente escribe (o escribía) en esta misma tribuna mi primo Miguel, he decidido hablar y revelar una de las travesuras mas avezadas de las que me he atrevido a hacer siendo todavía un niño, y con la esperanza de que el lector no se forme una idea equivocada de mí y lo vea solo como lo que fue: una locura de niño que necesitaba desesperadamente comprarse una bicicleta, desempolvaré este pasaje de mi vida que a poca gente he contado y que pudo acarrear graves consecuencias en esta época de temprana adolescencia, incluso el encerramiento en un reformatorio. Antes de proceder acudo a su comprensión y discreción (oh ilusa criatura ! ). Aquí va pues la historia:
A uno de mis hermanos hombres, mayor que yo (no quiero decir nombres para no comprometer a nadie), se le deslizaron casualmente entre los intersticios de sus dedos una pepitas verdes que algún vecino le regalo para que las sembrara en mi casa. Estas, con una buena dotación de agua que recibían periódicamente, crecieron sanas y robustas dando así vida a unas hermosas plantas de maricucha que, coincidentemente en la época en que mi Mama se dedicaba a la jardinería, cohabitaron con muchas otras plantas hermosas como helechos, crotos, palmera enana, romero etc., que adornaban mi jardín en aquellos tiempos de bonanza agrícola.
Mi querido tío Pompi, quien en ese entonces vivía en mi casa, en donde se le adapto el escritorio para usarlo como dormitorio, solía pasear por el jardín muy a menudo, sobre todo en sus ratos de ocio. Hago un paréntesis para recordar algo que por allí cuentan le ocurrió una mañana al despertar. Dicen que se levanto de un salto de la cama y llamo a su Mama, mi Mamama Macucha y le dijo a viva voz: Mama, me he levantado con unas ganas enormes de trabajar esta mañana. Conmocionada por la sorpresa mi abuela le pregunto sin poder ocultar la emoción – Y que vas a hacer hijito? Me voy a volver a echar hasta que se me pase esta huevada, -respondió aquel mientras se recostaba nuevamente con la intención de seguir invernando- debe haber sido una pesadilla.
Una tarde encontrabase el Gordo entregado a la contemplación del hermoso jardín que mi Mama atendía con tanta dedicación, cuando de pronto reparo en que la forma lanceolada y palminervia de las hojas que constituian las plantas ya mencionadas y que por casualidad crecieron en nuestro jardín se parecían mucho a las de la cannavis sativa que él ya conocía. Al comprobar su naturaleza procedió inmediatamente a tirar dedo. Al enterarse mi Papa las arranco de inmediato y fue al cuarto a despertarnos a plantasos en la cara a la misma vez que hacia preguntas; todo el mundo se hizo el loco y las plantas fueron a parar al techo de mi casa teniendo yo libre acceso a ellas por la escalera de gato que había en el patio de atrás.
Les conté el hecho a mis amigos del internado despertando así su curiosidad. Me preguntaron si les podía vender un poco ya que ellos estaban muy interesados en probar la de Lima, aunque la de ellos no era mala estaba muy escasa.
El sueño de la bicicleta propia contribuyo a que tomara una decisión y emprendiera un negocio ilícito de lo cual me arrepiento y por el cual arriesgue mucho. Tan solo a los 15 años tuve mi primera y única experiencia en este campo, el de la comercialización al minoreo de la maricucha, que si bien es bastante rentable, pone en grave riesgo no solo tu libertad, sino también tu integridad como persona decente y elemento útil a la sociedad.
El negocio fracaso a la primera transacción. Al muchacho al que le vendí un ferro (cien soles de los antiguos) me tiro dedo de inmediato y me llamaron de la dirección para hacerme algunas preguntas.
Ignorando porqué era solicitado por la directora, cosa poco común en el colegio, llegue al recinto y me senté como me indicaron. Inmediatamente la directora me mostró uno de los paquetillos que hábilmente empaque mostrándome el contenido del mismo y dando así comienzo a las preguntas pertinentes. Creo que tuve una convulsión pero me sobrepuse gallardamente.
Nos han dicho que tu le has vendido esto a uno de los muchachos de la escuela, es verdad eso?... Admití todo inmediatamente ya que yo no se mentir. Luego me dijeron que ellos pensaban que mis papas me habían mandado a este colegio como parte de una red de narcos asociados al Papa de Claudia y Jorge Bustamante, el narco que vivía detrás del colegio, hecho que desmentí rotunda y categóricamente en medio de un nerviosismo y un miedo que iban aumentando a medida que se desarrollaba la conversación.
Finalmente me creyeron, les conté toda la verdad pero de todos modos hablarían con mis padres sobre el asunto el viernes, día en que nos llevaban a casa después de la semana escolar.
El camino de regreso a casa fue uno de los momentos mas angustiantes de mi vida. Hubiese querido que la camioneta se volcara, chocara, explotara o que pasara algo que evite lo inevitable: que lleguemos a mi casa con la Madre Sagrario vivita y coleando y en plenas facultades como para relatar lo sucedido; Era ella quien manejaba la combi y a quien le correspondía hablar con mis padres por ser mi tutora. Llegamos a mi casa y baje a llamarlos. Los encontré en su cuarto cambiándose para ir a un matrimonio, estaban muy atrasados y casi no me prestaron atención. Yo estaba temblando y de cualquier modo no tuve el valor de decirles nada. Salude y Salí a la calle de nuevo. Encontré a la monja tan nerviosa como yo. Le dije que mis papas no estaban y tomo el camino mas fácil: esperar hasta la próxima semana.
Tuve la tregua y el respiro que necesitaba para menguar la angustia y la tensión, pero también, una semana para pensar y elaborar un plan que me permitiese librar ese escollo y convencer a mi tutora de que no hable aun con mis padres. Las ideas venían y se iban, se me agolpaban en la cabeza y las iba descartando por inútiles estas, absurdas aquellas e ineficaces casi todas…… ¡ hasta que BINGO! Encontré la perfecta: Mi hermana mayor se casaba tres meses mas tarde, en Septiembre; Considere que estando ad-portas de una celebración de tal importancia podría argumentar que no solo una inminte crisis familiar ocurriría por el impacto de la noticia, sino que también pondría en serio riesgo la consumación del mismísimo sacramento del matrimonio que no tardaría en acoger a una numerosa y linda familia católica, apostólica y romana, la mía.
La Madre Sagrario me perdono la vida. No les dijo nada a mis papas ni siquiera después del Matri. Nos hicimos amigos y lo fuimos por el resto de ese año escolar hasta que regrese a un colegio capitalino: El Flora Tristan.
Gracias a los buenos oficios de mi tía Carmen el ingreso a ese reformatorio no fue difícil. En mi clase ocurrió una deserción masiva del elemento femenino debido al comportamiento de la mayoría de los alumnos pero no me fue difícil adaptarme ya que siempre supe defenderme bien, aunque nunca fui agresivo. Si te dejabas atropellar por estos desadaptados pasabas a la sección lornas inmediatamente, era un colegio donde había mucha violencia. Del mismo modo no me fue difícil adaptarme al siguiente colegio al que me cambiaron.
Pienso que recorrer muchos colegios fue de algún modo positivo ya que, como una suerte de “viajero frecuente” tienes muchas experiencias, buenas y malas, situaciones difíciles que vencer, condiciones a las cuales debes adaptarte; de este modo forjas tu carácter, amplias tu criterio y te haces cada vez mas fuerte.
Juan Simón