Saturday, May 27, 2006

Algunos miembros


En esta histórica foto,tomada en la Iglesia de Nuestra Sra.del Pilar en San Isidro,podemos observar,mientras vivían aún en 2 de Mayo, a Pino,Miguel,Calorri,El Negro,Alberto y Frejol
En el momento de tomar la foto quedamos en poner cara de sampados. (aprox.1975)

Friday, May 26, 2006

¡ÚLTIMO CONCIERTO!

Este sábado 27 a las 11:00pm, mi banda: "Segundo Aire" presenta en el Ekeko de Barranco el cierre de su gira nacional titulada "NO HUMANO" No se lo pierdan que puede ser el último concierto antes de la penosa, pero obligatoria separación por motivos ya conocidos.
Los espero a todos y pasen la vozzzzzzzzzzzz...

Thursday, May 25, 2006

¿Política ficción?

Antes que nada, un pedido: ayúdenme a publicar entradas con mi nombre, no sé cómo hacerlo. Dicho esto, vamos al grano, o al gramo, como dijo el coquero: mucho se habla de lo que podría pasar si Ollanta Humala es presidente, pero, ¿qué va a pasar cuando Alan García lo sea? Aquí, un pequeño y suave adelanto.

Conocí al doctor Tremolada por un dolor de muelas. Él era – lo habrán adivinado – dentista. Esa mañana, hace cosa de un año, desperté con un dolor espantoso. Desesperado, salí a la calle muy temprano, sin saber exactamente para qué. No sé si buscaba una farmacia, un hospital, o un barranco para arrojarme al mar: así me dolía. Aturdido, con un humor de los mil diablos y con el cachete latiéndome, caminé hasta la esquina y crucé la pista para tomar un taxi que me llevara tampoco recuerdo a dónde. Súbitamente, apareció frente mis ojos una casa vieja, en la que se destacaba, como si fuera un aviso luminoso, una placa de acrílico que decía, con letras doradas, “David Tremolada Ríos – Cirujano Dentista”. La placa estaba al lado de la puerta, sobre una pared color yema de huevo, urgida de una buena mano de pintura. La puerta, de madera corriente, pero recientemente barnizada, parecía querer darle al consultorio algo de decoro, algo así como un conmovedor toque de distinción, para diferenciarse de las casas vecinas. La que estaba a la derecha era un híbrido entre quinta y callejón, con una gruta al fondo, para guarecer a una Virgen de yeso, con túnica de color celeste chillón; la de la izquierda era una bodega donde vendían, además de los habituales abarrotes, pan, verduras, fruta y pollos. Uno que otro perro callejero se entretenía hurgando entre las bolsas de basura que había en la esquina y, al frente, el dueño de un taller de reparación de bicicletas exhibía impúdicamente las amígdalas en un bostezo gigantesco, mientras abría su negocio. No se trataba, pues, de un lugar que, en circunstancias distintas, yo hubiera elegido para que alguien meta su mano en mi boca, pero el dolor, más que ceder, aumentaba, así que toqué el timbre sin pensarlo dos veces. Se me ocurrió que, siendo un consultorio, lo más probable fuera que el doctor no estuviera trabajando desde tan temprano, de modo que toqué una y otra vez, como si así pudiera escucharme, donde fuera que estuviera. Al poco rato se abrió la puerta. El doctor Tremolada resultó ser un hombre bajito, en sus tempranos cuarenta, de pelo negro bien peinado hacia atrás y ojos saltones, del mismo color. Llevaba puesta una de esas camisas blancas que usan los médicos, con un porta lapiceros de plástico en el bolsillo de arriba, propaganda de algún laboratorio. La camisa estaba muy limpia, pero un par de zurcidos daban cuenta de un uso extendido.
Antes de que pudiera decirle algo, me sorprendió con una sonrisa:
- Una emergencia, ¿no?
- Sáqueme esta maldita muela – ladré.
- Pase, pase, por favor – fue su amable respuesta.
Pasé. El consultorio era pequeño, pero limpio y ordenado, como el doctor Tremolada. Me dispuse a sentarme en el sillón destinado a los pacientes, pero el dentista me detuvo y me explicó que, con esa infección, era imposible sacarme la muela. Con la misma actitud del que escucha a un niño argumentar tonterías para obtener un permiso, soportó mis lamentos, mis ruegos y hasta mis órdenes para que la extraiga, sin creer en mis promesas de aguantar a pie firme lo que fuera, con tal de que me arranque la muela. A cambio de eso, propuso ponerme algo para el dolor y recetarme antibióticos. En tres o cuatro días estaría listo para la extracción. Decir que acepté sus argumentos sería inexacto: los acaté, porque no me quedaba otra.
El doctor Tremolada me puso la inyección, escribió una receta con letra grande, muy prolija, y me despidió con una afectuosa palmada en la espalda.
- Venga a verme cuando baje esa hinchazón – me dijo antes de cerrar la puerta del consultorio.

* * *

Pasaron los días y cada vez me dolía menos. Casi sin darme cuenta, empecé a sentir por el dentista una combinación de gratitud con afecto, o quizá simplemente lo mismo que sentía el león por Androcles, vaya usted a saber. De cualquier modo, volví a verlo. Lo encontré barriendo la vereda, frente al consultorio. Tenía puesta la misma camisa blanca, siempre impecable, y cuando me vio, sonrió con la mayor cordialidad, invitándome a pasar con un gesto amable.
- ¿Y? – me dijo - ¿Cómo vamos?
Esta vez me senté en el sillón. Mientras se lavaba las manos, y después, cuando preparaba su instrumental, el doctor Tremolada habló con gran entusiasmo acerca de las ventajas de la cromoterapia, la bioenergética y el naturismo sobre la medicina tradicional. Lanzaba opiniones rotundas, sin esperar ninguna respuesta mía, acostumbrado, pienso yo, a que sus pacientes, obligados a estar con la boca abierta, no tuvieran ocasión de de decir ni pío. Luego, mientras hacía su trabajo, siguió con lo mismo. Yo, por mi parte, casi no le prestaba atención, aunque – no sé por qué - en el fondo de mi mente comparaba sus palabras con las de un granjero al que le hubiera ido mal criando conejos y pensara dedicarse a los pollos, o a las de un comerciante que hubiera decidido vender toallas y ya no medias, que tenían poca salida. Sea como fuere, su tono era muy amistoso y cordial, sin el menor asomo de irritación, lo que terminó por convencerme de que, más que un lamento por la falta de clientes, se trataba de una demostración de buenos modales, de un gesto cortés dedicado a mí, su paciente favorito.
Cuando terminó el examen me contó un chiste sobre dentistas. El chiste no tenía gracia, pero me reí por cortesía, tratando de corresponder a sus afanes por ser simpático. Me explicó en seguida cuál era el estado de mi dentadura y me propuso un presupuesto bastante razonable para dejarla como nueva.
- Venga cuando quiera, aquí estoy para servirlo – se despidió.


* * *

Así, casi sin saber cómo, me convertí en paciente habitual del doctor Tremolada. Caía por su consultorio cualquier día de la semana, a cualquier hora. No tenía ninguna necesidad de sacar cita: el buen doctor siempre estaba disponible y sonriente, siempre amable y amistoso. Recuerdo sobre todo un domingo. Yo regresaba de comprar los periódicos y él salía de la panadería. El hombre estuvo especialmente expansivo. Me palmeaba una y otra vez la espalda y me presentó a una señora que vendía tamales, subrayando que era su paciente, como si yo fuera una celebridad. Me convenció de que pase a su consultorio de una manera tan vehemente, que más parecía que estuviera invitando a un viejo amigo a almorzar. Esa mañana llevaba un polo, pero en cuanto llegamos al consultorio me dejó unos minutos solo, para regresar con la vieja camisa de siempre.
Es cierto que no era el mejor dentista del mundo y que de vez en cuando me causaba pequeñas molestias y minúsculos dolores, por los que invariablemente se disculpaba con mucha gentileza, pero en la balanza de mi consideración pesaban mucho más sus cualidades humanas y – no voy a negarlo - sus modestos honorarios. Yo me sentía cómodo con él y, mal que bien, mis dientes habían mejorado bastante.

* * *

Una tarde, cosa rara, no estaba en su consultorio. Quince días antes me había puesto una funda en un diente que se había roto. La funda, posiblemente mal colocada, se había caído y necesitaba con urgencia que me ponga otra, porque así no podía ir a ninguna parte. Toqué varias veces el timbre, hasta que finalmente me abrió alguien que, a juzgar por su aspecto, estaba pintando en el interior. De mala gana – supongo que lo había hecho bajar de una escalera, o algo así - el pintor me dijo que el doctor había salido y sin más explicaciones me tiró la puerta en la cara.
Al día siguiente, temprano, regresé. Esta vez me abrió una mujer que se identificó como la asistente del doctor Tremolada y me preguntó si tenía cita.
- ¿Qué cosa? – le dije, muy sorprendido – Jamás he necesitado cita para ver al doctor, yo siempre… -.
¿Su nombre? – me interrumpió la asistente, con un tono que me hizo sentir anónimo e insignificante.
Le expliqué quién era y terminé hablándole de mi amistad con Tremolada, como quien quiere colarse a una fiesta a la que no ha sido invitado y trata de convencer al portero de que es íntimo del dueño del santo. Súbitamente caí en cuenta de que estaba dando más explicaciones de las necesarias y me sentí avergonzado. En ese momento apareció el dentista, con la segunda sorpresa del día: la camisa blanca había desaparecido. Llevaba, en cambio, una azul, nuevecita y bien entallada, con un cinturón del mismo color, por la espalda. Supongo que me quedé mirando la camisa nueva de una manera impertinente, porque cuando levanté la vista me encontré con la mirada severa del doctor Tremolada. No me cupo ni la menor duda de que sabía que yo estaba pensando en el cambio de camisa y me sentí como un estudiante al que el profesor pesca copiando en un examen. Me repuse de la incomodidad y le pedí que me ponga otra funda. Sin darse la molestia de disimular su fastidio, Tremolada me hizo pasar al sillón y estuvo trabajando en mi boca durante cerca de un cuarto de hora. No hubo chistes, no hubo conversación, no hubo comentarios de ninguna especie. Sólo silencio.
- Ya está – me dijo secamente, cuando terminó -. Le voy a agradecer que haga una cita con mi asistente, para la próxima visita -.
Concerté la cita y, sin más, me fui. Me sentía desconcertado, intrigado, y sobre todo culpable.

* * *

En los días siguientes sentí el mismo desconcierto, la misma intriga y una culpa mayor. No entendía el cambio de conducta del doctor Tremolada. No encontraba explicación al giro tan brusco de su comportamiento, aunque, por alguna razón misteriosa, cada vez me convencía más de que yo, sin querer, me había portado mal con él. Por más que pasaba revista a nuestra relación y reconstruía minuciosamente cada cita, no lograba despejar la incógnita. Había cumplido escrupulosa y puntualmente con los pagos que fijamos, de modo que no era una cuestión de dinero. Quizá fuera que no me reía con suficiente entusiasmo de sus chistes, o que Tremolada podría estar esperando una muestra de amistad, como una invitación a tomar un café, o una cerveza, ¿cómo saberlo? En mis especulaciones no dejaba de considerar el hecho de que el cambio de humor de mi dentista coincidía con la aparición de señales sobre una incipiente prosperidad, circunstancia que me dejaba más perplejo. ¿No era lógico, acaso, que su ánimo debiera estar más dispuesto si su economía estaba mejorando?
El día de la cita, harto de buscar explicaciones que no me llevaban a ninguna parte, decidí tomar al toro por las astas y preguntarle directamente si lo había ofendido de alguna manera. Si así fuera, me dije, una disculpa arreglaría todo. Mis reflexiones me habían conducido a admitir que siempre lo había tratado con disimulada condescendencia y con cierto airecillo de superioridad, que – por más involuntario que fuera – podía resultar agraviante.

* * *

Llegué, pues, al consultorio, con talante humilde y bien dispuesto. Me sentía maduro, juicioso, solidario y hasta podría decir que fraterno con mi dentista. El caso es que el doctor no estaba en su consultorio, tampoco su asistente y ni siquiera el pintor de brocha gorda que había tenido el desparpajo de tirarme la puerta en la cara aquella vez.
De la sorpresa – la mente humana es inescrutable – pasé a la indignación. ¿No tenía cita, acaso? ¿Qué se había creído Tremolada para plantarme de esa manera? ¡A mí, que venía a pedirle disculpas por algo que no estaba seguro de haber hecho!
En ese momento, una camioneta pick up se detuvo frente al consultorio. En la parte de atrás viajaban tres hombres, sosteniendo un cartel que no pude leer, porque el dentista bajó de la camioneta y, sin saludarme, me hizo pasar con prisas, para decirme secamente que lo espere un momento y salir. Me quedé solo, escuchando gritos, órdenes y martillazos: deduje que los hombres estaban colgando el cartel, bajo la dirección de Tremolada.
Diez minutos después regresó el doctor. Consultó su reloj y me dijo que no podía atenderme, porque estaba ocupado. Quedé pasmado, sin capacidad de reacción, lo que aprovechó para meterme una tarjeta en el bolsillo del saco.
- Llámeme uno de estos días, para ver cómo hacemos – me dijo, y abrió la puerta.
Tuvo, por lo menos, la consideración de no empujarme. Cuando me di cuenta, ya había cerrado la puerta. La camioneta pick up ya no estaba. Levanté la vista y leí el cartel que estaba sobre la puerta. Me enteré así que ahora, en el consultorio, funcionaba un local del Partido Aprista. Automáticamente saqué la tarjeta del bolsillo: Tremolada era Secretario Distrital del APRA.
Así, de sopetón, comprendí todo. Por obra y gracia de un cargo político - un cargucho en realidad -, el doctor David Tremolada Ríos, amable y simpático cirujano dentista, se había convertido de la noche a la mañana en un malcriado, en un arrogante que ya no se sentía obligado a atender a sus pacientes. Supongo que se sentía poderoso y que su flamante carrera política no le dejaba tiempo para ocuparse de personas insignificantes como yo. Me quedé con la curiosidad de saber si había estado fingiendo todo este tiempo, o si realmente el honor conferido por sus compañeros de partido lo había trastornado.
No le di muchas vueltas al tema, porque lo imaginé de congresista y se me revolvió el estómago.


Puchelito

Nunca fue de peluche

Tendría tal vez 2 añitos cuando lo llevé a la china verde para comprar una gaseosa.Llegamos a la bodega y lo senté en el mostrador mientras yo pedía una coca cola ,en ese momento llegó una señora con un niño un poco mayor que El,como de 4 años,pero con un berrinche que pa que te cuento.Mientras yo pedía nuevamente mi coca,la sra.mortificada le dice a su hijo : aprende de ese niñito,! que bien se porta ¡. Justo cuando me disponía a sacar pecho por el sobrino,se escucha la atronadora voz del Oso que dice : !!Dame una coca cola putamaye ¡¡.Claro la señora y el crio huyeron espantados.
Cuenta Ofe que cuando salía para ir a Cordano en las mañanas lo veía al Oso en su clase del nido San Diego.El nido quedaba en la que había sido casa de los colombianos.Cierta mañana mientras pasaba se encontró con el Oso gritando desde la ventana de su clase : !Ofelita,Ofelita,sácame de esta meya ,sácame de esta meya¡
Un día Genca descubre que el chanco del Oso había sido saqueado.Furiosa lo levanta y mientras lo tira al suelo grita ! conchudos ¡ El Oso,siempre presente empieza a gritar ! putamaye,putamaye,putamaye...putamaye ¡ en eso pasa la mamita,escucha y dice en tono enérgico : Jorge Miguel, que pasa ? putamaye,noay plata en chancho.
Pero el Oso no fué asi por culpa de sus padres,Alberto en el Jardín amenasaba con torturarlo si no decía mierda 10 veces,meia,meia,meia... y enseguida Pino, ! Dí carajo o te pego ¡ callajo ,callajo ,callajo...

Wednesday, May 24, 2006

Una noche en Trujillo

Esta es una historia breve y placentera. Ocurrió en Trujillo, en casa de Anita y Coliflor, que, hacía pocos días, habían intercambiado anillos.
Veníamos de tres noches de música, alcohol y relajo; el maravilloso ferniente era la la consigna general y no había una sóla cara que no estuviese ilumunada de alegría.
La escena se sitúa en el jardín interior, es de noche y nos hallamos tumbados en el pasto los últimos defensores de que el goce continuace. Mientras las brasas de un fogón calentaban el ambiente, el eco de una música lejana se colaba entre la charla. Una linda chica, de mágica sonrisa y de grandes ojos verdes, plantea la pregunta:
- ¿Si fueran un animal, cuál escojerían ser?"
- "Caballo" - dice uno - "para correr libre en las praderas"
- "Tigre" - dijo otro - "y vagar salvaje en la espesura"
Un tercero apresuró: "Águila, para volar alto por los cielos"
- "¿Y tú? - me preguntó la chica, con cierta ansia en la mirada
- "¿Yo? Vaca" - le dije - "y pastar en el verde de tus ojos"

Esa noche se hizo larga y el verde estuvo cerca... cerca... muy cerca de mis sueños.

Tuesday, May 23, 2006

Abel de Jesus

Corrían los últimos años de la década de los ochenta. No es una metáfora, de verdad los años pasaban veloces, tal vez porque mi alma estaba intranquila, o quizá porque yo no le daba tregua a mi cuerpo. No eran, para mí, buenas épocas. Vivía en estado permanente de angustia y cada vez que llegaba del trabajo encontraba algo desagradable en mi casa. Si comienzo así, de una manera tan negra, no es por impresionar a los queridos lectores del blog, ni mucho menos por afán de quejarme. Es solamente porque el contexto en el que desarrolla la historia que voy a contarles tiene importancia, mucha importancia.
Dije que cada vez que regresaba del trabajo a mi casa, encontraba algo desagradable. No voy a hablarles de eso, voy a hablarles del trabajo que tenía. Este pechito era, pues, supervisor de la cafetería internacional, de la cafetería del duty free y del restaurante Jorge Chávez, locales ubicados en el aeropuerto del mismo nombre. El primo Arturo Rubio – protagonista de una de las entradas iniciales del blog – era el concesionario, en sociedad con Johnny Schuller, y me había dado esa chamba, sacándome así de cerca de año y medio de desempleo. Es fácil adivinar en qué consistían mis labores, que se cumplían en distintos turnos, de nueve horas, ya que las cafeterías y el restaurante atendían ininterrumpidamente las veinticuatro horas del día.
Cuando había vuelos, el tiempo – valga la redundancia – pasaba volando. Cuando no, las horas se hacían lentas, como el paso de los ancianos y las señoras gordas. Recordemos que estábamos en pleno gobierno de Alan García, así que, de un lado, nadie se moría de ganas por venir al Perú y, de otro, la mayoría de los que querían largarse de aquí no tenían plata para hacerlo, de modo que los aterrizajes y los despegues de las aeronaves eran poco frecuentes.
Dos o tres veces por semana me tocaba el turno de madrugada en la cafetería del duty free, trabajo análogo al de guardián de un camposanto, porque no pasaba ni un ser vivo, ni siquiera de casualidad, o porque se hubiese equivocado de camino. Afortunadamente tenía – tengo - el hábito de leer y leía mucho. Disfrutaba de la lectura entre las diez de la noche, hora en que comenzaba mi turno, y las siete de la mañana, hora en que terminaba. Los miércoles eran un poquito más movidos: un Aeroflot aterrizaba en la madrugada. En esas noches levantaba unos momentos la mirada del libro, y me entretenía mirando la enorme nariz pintada de azul que se acercaba al vidrio que separaba la cafetería de la pista de aterrizaje, hasta que se detenía y permanecía allí cerca de tres horas, para volar luego a Río de Janeiro. Eso era todo, porque – los que volaban en Aeroflot era misios de solemnidad – no bajaba nadie. Si alguna vez lo hacía un ruso, era para estirar las piernas, no para gastar sus rublos tomándose un trago servido por quien esto escribe.
Un miércoles, sin embargo, algo distinto pasó. Estaba leyendo, si mal no recuerdo (conozco a alguien que dice “si mal no me equivoco”, pero esa es otra historia), una aventura del comisario Maigret, cuando entro a la cafetería un negrito muy flaco, con la ropa muy arrugada. Le calculé 20 o 21 años y mientras ocultaba mi libro bajo el mostrador, me dirigió la palabra en atropellado portuñol.

- ¿En este lugar hay corriente de 220 o de 110? – me preguntó.
- De 220 – le respondí - ¿Por qué quieres saber?

Me contó entonces que había nacido en un país de África cuyo nombre he olvidado. Era Costa de algo y había sido colonia portuguesa, eso puedo asegurarlo. Ahora – continuó – vivía en Lisboa, porque jugaba en el Benfica. Zico – el gran Zico – lo había enfrentado en algunas ocasiones y había quedado tan gratamente impresionado, que lo había invitado a Río, para que se pruebe en el Fluminense, que, como se sabe, es el club de donde surgió el goleador brasileño.

- ¿Y eso qué tiene que ver con la corriente eléctrica? – lo interrogué, cada vez más asombrado.
- Espera – me dijo -. En Costa ... hace mucho calor y le quiero comprar un ventilador a mi madre.

Además de la madre, el muchacho tenía once hermanos mayores y todos se achicharraban en la casa donde vivían. En su país la corriente era de 220 vatios, en tanto que en Lisboa, así como en todos los países en los que había hecho escala, era de 110. Había llegado por fin a uno con la misma corriente que el suyo y quería comprar un ventilador de inmediato.
Naturalmente, lo envié al duty free, pero el buen Abel de Jesus ya había estado allí y de ventiladores, naranjas. Quería aprovechar el tiempo que tenía para salir a una tienda y comprar un ventilador que alivie a su pobre madre de los rigores de la canícula africana. Le expliqué que no era cuestión – como dice mi tía Carmen – de tomar el portante y salir del aeropuerto, eso sin contar que a esa hora no estaba abierto nada. Con mucha pena, se resignó a esperar su llegada al Brasil. Me había caído muy simpático, así que le invité una cerveza, la que rechazó, porque no tenía plata y no permitía que nadie le invite nada.
Abel aprovechó esto para decirme que era un gran futbolista, que iba a triunfar en Brasil y que después se iba a comprar todas las cervezas y todos los ventiladores que su gana le diera. Yo, que no estaba dispuesto a tragarme el cuento así nomás, salí de detrás del mostrador, arrimé mesas, hice un arco con dos silla y una pelota con servilletas de papel. Puse la pelota en el suelo y armé una barrera de cuatro hombres, o más bien de cuatro sillas.

- ¿Cómo patearías un tiro libre desde la izquierda? – le pregunté.

Sin decir palabra, acomodó la pelota, tomó carrera y le pegó con la parte interna del pie, como se debe. Después, pateó desde la derecha y le dio al balón con tres dedos: el negrito sabía.
Convencido de que por lo menos sabía jugar fútbol, me enfrasqué en una conversación sobre el deporte más hermoso del mundo. Como correspondía a la época, le pregunté que. En su opinión, Maradona era mejor que Pelé. Me contestó lo siguiente:

- Para jugar futebol hay que tener tres cosas: habilidad, inteligencia y colhones. Platini, tiene habilidad e inteligencia, pero no tiene colhones. Maradona tiene mucha habilidad y muchos colhones, pero no tiene inteligencia. Pelé tiene las tres cosas, por eso siempre será el mejor.

Como ustedes comprenderán, me impresionó que un chico de 17 años (esa era su edad, me enseñó su pasaporte), respondiera de una manera tan sabia. Me contó luego que había jugado tres veces contra Maradona, es decir contra el Nápoles y que lo había visto encarar a defensas mucho más altos que él y hasta meterles codazos sin miedo. Me dijo también que Maradona lo había felicitado una vez por su buen juego y que sabía que iba a triunfar en Brasil, que iba a ganar mucho dinero e iba a tener muchas fábricas. Finalmente, me dijo que yo era el único que lo había tratado amistosamente en todo su viaje, de manera que me iba a nombrar gerente de todas sus fábricas. Yo le agradecí, emocionado, intercambiamos direcciones (no existía aún el Internet) y me prometió enviarme un video con algunos partidos en el Benfica, para que vea que no le estaba mintiendo.
Nos despedimos con un abrazo y Abel de Jesus subió al Aeroflot y partió para siempre. Nunca más lo vi, jamás supe de él ni media palabra. En realidad no me importó, porque ese encuentro mágico me permitió sobrevivir a todo aquello que les contaba al principio y la espera diaria del video que nunca llegó hizo posible que soportara una serie de cosas que tal vez no hubiera soportado sin ese sueño, sin esa esperanza, sin ese entrañable recuerdo.
Esa es la historia, queridos lectores. Tal vez a alguno le recuerde un cuento de Julio Ramón Ribeyro, les juro que es pura coincidencia. Finalmente, no sé si alguien habrá notado que... ¿cómo no se me ocurrió decirle que se compre un transformador?

Puchelito

Monday, May 22, 2006

Como llegar

Si tomas el colectivo de la Av.Arequipa yendo de Lima a Miraflores debes bajarte antes del By pass,pagarás solo S/.2.50,si te pasas debes pagar S/.3.50.Tomas Soledad y continúas por 2 de Mayo (es en bajada).
La casa de los Bao a la izquierda,sigues y en el cruce con los Sauces la casa de Méndez,que antes fue la oficina de Kiko Ledgard,mas allá por la derecha está Cordano,donde puedes firmar y comerte unas empanadas buenasas,y una fugassa cumplidora.A Cirilo lo chamullas y derrepente se hace el loco y te deja arrimarte otra,claro,no debe estar Don Emilio por ahí.
Siguiendo la calle pasas por la casa de Claudia y al frente de ella la del primo José Luis y la lavanderia,donde vive una flaca rarasa,al costado está la casa de Truli Rivera y su padre,el gran narcotraficante Rivera Lorente.
Ya en la cuadra 9 en el 7º piso del edificio de la esquina, el gran Don Roberto Scarone,con su hija que es un faro en la cuadra.Era entrenador de la "U" en ese momento,y de la "U" campeona.
Frente al edificio , de color gris ,la casa de los Alfageme,tan conservadora y anticuada como sus residentes.A su lado,los Calorris;Luis Daniel,Patricia,Calleja,Calorri,Toya,Memena y Maria del Pilar.
Ya llegaste,la siguiente es una casa amarilla,la mas grande de la cuadra.Tiene un muro de borde redondeado de aproximadamente 1.2 m de alto,dividido en 2 por una puerta reja de madera pintada de blanco y por la derecha la entrada al garage.Una vez que pasas el muro tienes que recorrer un espacioso jardín de 10 metros de fondo hasta llegar a la puerta principal.El jardín es atravezado por un sinuoso camino de cemento entrecortado que permite que crezca el pasto entre sus piezas y bordeado por caléndulas o margaritas.A la izquierda junto al muro divisor alguna cucarda y otras interesantes plantas,también geranios.La puerta Principal también blanca tiene a su derecha la ventana del escritorio de Cochoi,protegida con una reja blanca y enmarcada por una especie de mata verde que produce unas flores lilas, con cilios que harán que se te pegue la flor y delate cualquier intento de pasar por ahí.
A su izquierda la ventana de la sala,con una reja similar y geranios abajo.Siguiendo por el mismo lado la gran puerta del garage.
En el 2º piso sobre la ventana del escritorio 2 ventanas,también de madera blanca donde duermen Genca e Inés,sobre la puerta principal otra ventana similar donde podrían estar durmiendo Miguel y Gonzalo,mas allá,y con balcón,tenemos el cuarto de Chenta.Finalmente en otro plano sobre el garage,El Cuarto.
Lo mejor será entrar por la puerta del garage,es mucho mas solapa,y si no hay nadie que te retenga podrás cruzar rápidamente y detenerte justo frente al cuartito de la bomba para observar si hay moros en la cocina.Debes tener cuidado que desde arriba de la escalera no te arrimen un higo.Pasas la cocina,el tendal,y entre los ligustros(el primero no es bueno para trepar) puedes divisar quien hay en el jardín.Ese pasadizo te llevará al Patio Rojo,del que nadie se atrevió a hablar aún,pero eso queda para después,en la segunda puerta te metes y estás en El Gabinete..

UN GABINETE GIGANTE!!!

Aunque ya me estoy familiarizando un poco con el blog, recién hoy entendí cómo publicar, además, gracias a algo de tiempo libre, pude leer los artículos iniciales que disfruté mucho, sobre todo aquellos en los que se explica la creación de esta página y se habla sobre el gabinete original al que ésta hace referencia. Durante buena parte de mi lectura descubrí con emoción que muchos de los hechos narrados y los lugares mencionados han sido parte de mi vida. Digamos que estos escritos han sido publicados para revivir los recuerdos de los mayores pero con la intención de que también sean disfrutados por los menores, que solo pueden colocar los hechos en el contexto de su imaginación, claro, un poco alimentada por las fotos que habrán podido ver alguna vez. Sin embargo me siento afortunado de estar en la mitad de esos dos grupos y poder ubicar las historias en lugares que yo he pisado, tocado y sentido!!!.
A los tres, cuatro o cinco años es difícil tener una perspectiva clara del espacio y el tiempo, pero jamás me olvidaré del gabinete y del mapamundi, de la casa del árbol a la que no me dejaban subir, excepto aquella vez en la que Pino me salvo de caer de cara poniendo su cuerpo de almohada entre el suelo y yo. Ni de Miguel deshaciendo el costurero de la abuela para enmseñarme trucos de magia (con los que aprendí a sabotear a los magos diletantes de las fiestas infantiles) Tampoco me olvido de Alberto escondiendo las medallas de mi abuelo en el jardín para que pudiera jugar con Joseca a la búsqueda del tesoro. No sé en que contexto, pero recuerdo con mucha claridad la mano de Tosineta en llamas. Sobre el patio rojo, cómo olvidar el día del partido sin zapatillas con la cancha mojada por la manguera y el Chino diez minutos después, en la clínica (Alemana, puede ser?) con la ceja rota, o las guerras con mis soldaditos que yo no podía tocar, pero que Chino, Bore y creo que también Juan se encargaban de derretir con frascos de jarabes molotov desde el techo de la casa de Percy. Y el depósito, donde Willy había inventado una bruja que me hacía llorar cada vez que me dejaban solito, para que "me hiciera hombre". También me acuerdo de Laines haciendo esculturas con pan francés y velas derretidas y de Inés que con toda la pedagogía que le estaban enseñando en la Normal me convencía de tragar pastillas a (casi) cachetadas. El artículo de los Carasucias, me hizo recordar la vez que los fui a ver y después de buen rato no me pude aguantar y me meé los pantalones, inmediatamente me puse a chillar de manera descontrolada y Pino que esa tarde era mi niñera, tuvo la impresionante idea de hacer lo mismo con los suyos, ese día regresamos los dos meados pero sin derramar una lágrima más. En fin, son millones las cosas que recuerdo de esa casa y aunque me pongo a pensar, no pude identificar ninguna que fuera negativa. Incluso recuerdo con cariño al monstruo de gila y el pavor de las caídas en la pileta.
Creo que ya escribí mucho para ser la primera vez. Solo quería con esto estimular la memoria de los grandes y tratar de que los menores puedan compartir un punto de vista diferente de las cosas que se vivieron hace mucho, un punto de vista en el que todo era increiblemente grande, en una casa enorme, con un jardín que en realidad era un bosque y donde había un gabinete gigante...

Sunday, May 21, 2006

comentario a la entrada "El gabinete"

Me estoy familiarizando cada vez más con esto del blog, y me parece que ha sido un acierto extraordinario de Tosineta.
Leer los comentarios que se han hecho sobre "el gabinete", ha sido un viaje en primera clase al pasado; un pasado que, claro que teniendo también sus malos ratos, me hace sentir orgulloso y feliz. Recuerdo que una de las cosas que más le gustaba a mis amigos, era la fuidez de trato que existía entre los menores, o "los enanos", como nos llamaban, y "los mayores"; se quedaban alucinados de que compartamos con ellos, que seamos acogidos, bacilados y escuchados.Me acuerdo, también, que en uno de esos "malos ratos", cuando mi querida mamá intentó darnos algo mejor y nos propuso dejar la casa paterna y salir a buscar un nuevo hogar para ella y sus menores hijos, salimos despavoridos ante la idea de ser separados de nuestros hermanos mayores. La emprendimos raudos hacia el techo de calamina que cubría el depósito del patio rojo, Lineo (que en ese momento era "jaicho" o "cacho"), yo y bore, en ese orden. Tuvimos éxito en la huída solo los dos primeros. Bore fue cogido por la mano de mi mamá, del último pie que le faltaba para coronar su propósito y - según nos contó luego - tuvo que hacer una larga travesía por las calles de lince, buscando casa, mientras Lineo y yo no nos atrevíamos a bajar del techo, comiéndonos las uñas pensando (yo, por lo menos) cómo sería una vida sin nuestros hermanos mayores.
(A veces pienso que para mí, más que 8 hermanos, éramos un solo individuo. A pesar del paso de los años, a veces aún me asalta ese sentimiento, que no es bueno del todo, pero que también ahora, me acompaña en los "malos ratos")
Chino

más sobre el Blue Moon y otros

Este comentario lo he puesto también en una entrada sobre el Blue Moon. Como estoy dando pie, también, a generar nuevas historias, lo coloco ahora como una entrada nueva.
Saludos.

Respecto a lo dicho por Juan sobre la huída tras los acontecimientos del Blu moon, diré que, como en muchos otros casos, ya no importa qué pasó exáctamente, si no lo que dice la leyenda urbana: Juan alzó los brazos y dijo "me rindo". (La historia la escriben los vencedores, querido Juan)Lo del puñete al italiano lo tengo grabado claramente: el italiano había escuchado mi ya famosa respuesta al que atendía los helado("es una cachetada a la pobreza"), y me dijo algo así como "si no te gustan mis precios, entonces lárgate" (no me parece que haya habido ninguna confusión, mamá, solo que era un comentario que, de verdad, no era para ser bien recibido ¿no?). El resto de la historia, Juan la cuenta muy bien. Mientras caminaba delante del italiano, "empujado" hacia la salida del local, el buen hijo de su madre me metió un rodillaso en el culo, totalmente innecesario y maleado - tratándose como era el caso de que en ese entonces era apenas un niño (¿Es verdad, Lineo, tenía apenas 11 0 12 años? Yo no sé exáctamente, pero se puede averiguar sin problemas por lo de la operación a Milagros) - y, bueno, de verdad en esa época todos éramos bravos, nadie iba a aceptar así no más una ofenza tan abierta, así que volteé inmediátamente y le estampé un puñetazo en la mandíbula que lo hizo caer aparatosamente contra una mesa o el mismo mostrador de los helados (si mal no recuerdo, Lineo estaba justo atrás del impactado, así que vio la escena general mejor que yo, que estaba totalmente indignado).El resto, el conato de pelea campal (tengo el recuerdo de un griterío general y el de un mozo tratando de tirarle una silla sobre la cabeza de Nalito) y la huída, Juan también la describe muy bien (salvo, claro, el párrafo en el que pretende salvar su honra)Esta historia da paso natural a la cantidad de veces que mi mamá - o mis hermanos mayores - nos han sacado de las cárceles de Lima. En mi caso puedo contar tres: una por consumo de estupefacientes en la vía pública - ¡Ya no lo hago mamá!(una noche en esa PIP de Porta, que luego fue volada por una bomba terrorista); otra en la comisaría de Monserrate por negarme a hacerle caso a un tombo que me exigía que no andase calato (estaba sin camisa) en la plaza San Martín, "una falta de respeto" decía; y otra en El sexto de la Av España con Alfoso Ugarte, por agarrarme a puñetazos con un tombo vestido de civil que me atrasó de muy mala forma con un asiento del ícarus, en esas épocas en que vivíamos en Colonial y tomábamos 3 micros (generalmente repletos, no como ahora) para poder llegar a casa.Tosineta, Miguel y Pino, también tienen sus historias. Lineo, la más larga de todas.

Chino
1:58 PM

He escrito varios comentarios

Me he pasado casi el domingo entero leyendo los escritos de El Gabinete y me ha parecido genial. He descubierto la buena pluma de los participantes y muy gratas entradas como la del Negro Del Carpio, el chato Glave y una cortísima, pero muy buena, de "el infame Caderus" reclamando aún por su bicicleta negra (me acuerdo cláramente de ella, creo que tosineta la expropió, la despintó, la pintó otra vez y se la quedó muy piola)

He hecho varios comentarios a diferentes entradas pasadas, así que revisen su blog entero para contestarme algunas preguntas o solo aumentar más mis recuerdos.
La visión femenina de Inés sería muy bien recibida, así espero se anime con una nota larga.

Chino

Wednesday, May 17, 2006

! Me arrugo,me arrugo¡

Era época de colegio y vivían con nosotros en 2 de Mayo,Nalito,Juan y José,el popular"azuucar".Entre nuestros padres se estaban dando la mano debido a la necesidad de llevar a operar a Milagros a Estados Unidos .
Para nosotros ,chicos inconcientes,era un bacilón,una suerte poder estar con los primos a tiempo completo.No sé tampoco como nos habían repartido,creo que Daniel por ser el mayor,dormía con Pino y Alberto en el cuarto sobre el garage,o sea en El Cuarto.Juan y José con Jaicho y los Mellis.
Josesito,como hay en todas las familias ,cumplía el rol del engreido.Ofe y Chenta se deben acordar que eran grandes consumidores de azucar,y José sin medir el ridículo siempre se acercaba a ellas para pedir ,con su nasal voz, mas azucar,de ahí el apodo de "Azuucar".
Todavía eramos los primos mayores a quien admirar,y aprovechábamos esto para sentirnos mas bacanes demostrando nuestras proesas.No está de más decir que como siempre nuestros alumnos terminaron sacándonos muchos cuerpos de ventaja en lo que se refiere a mataperros.(Otro caso es Lucho Calmell).
Una noche ,Alberto hizo una demostración de increible valentía haciéndoles el viejo truco de la bencina,mojar los dedos en ella,y encenderlos con un fosforo.Durante un par de segundos la bencina se consume aparatósamente pero sin quemar,dando esto una sensación de poder sobre el fuego que encandilaba a los huéspedes.Con prudencia esto se hacía en la ventana del mencionado dormitorio.
Cuenta Alberto que esa noche al terminar la fanfarronada se recostó a leer en su cama y dejó, sin preocuparse, el sempiterno pomo de bencina sobre el alfeizar de la ventana .En eso,mientras leía, notó un rojo resplandor en el techo de la habitación,miró,y vió a Nalito en problemas con el fuego,el primo había tratado de emular la suerte,pero sus nervios lo traicionaron,el fuego prendió el pomo y en su afán pòr apagarlo hizo lo mismo con su cuerpo.Corrió Tosino y mecánicamente alejó el combustible en llamas, arrojándo de un manotaso el frasco hacia la calle.Este al caer en el estacionamiento frente al garage,en el cual de milagro no se encontraba el Nova SS rojo de Osorio,explotó y generó una llamarada de no menos de 3 metros de alto que hizo que el tráfico se detenga frente a la casa,acto seguido abrazó fuertemente a Daniel (parte del truco,ya que sabía que la bencina se apaga rápidamente) hasta extinguir las llamas.Lamentablemente para Daniel,la guayabera que usaba era de nylon,material que rápidamente fué derretido por el fuego y le causó algunas no muy severas quemaduras en el brazo.El susto fue grande y Nalito gritaba,pensando en no se quien:!Me arrugo,me arrugo¡.
El escándalo que causó la explosión del pomo de bencina fue tal, que lo ocurrido no pudo pasar desapercibido , y menos barajarlo inventando una historia.Del hecho fueron comunicadas Mónica y Hortencia,que ejercían la patria potestad interina,quienes luego de amonestar severamente a Nalito,declararon a Alberto héroe,estado del que gozó por unas semanas.

Monday, May 15, 2006

La historia del Blue Moon

Mi Tia Mary me animo el día de la Madre a contar la historia del Blue Moon.
Los sucesos que describiré ocurrieron hace aproximadamente 30 años!!, por eso
pido a quienes estuvieron allí que me corrijan si es que me equivoco en algo y a todos los lectores que no se fijen tanto en la ortografía.

Esa noche fuimos a comer chifa con Osorio, Miguel, Alberto, Pino, Daniel (Nalito), Laines, Bore y Chino. En lo del chifa solo recuerdo que Miguel lograba facilmente exasperar a Osorio con sus bromas y que estuvo buenazo!!, quedaba en Santa Cruz, no recuerdo el nombre de la calle pero creo que era aquel pequeñito que quedaba en una diagonal a espaldas del Cuartel San Martin, a media cuadra de la residencial Santa Cruz.
Luego del chifazo alguien propuso ir a comer helados y fuimos al Blue Moon. Osorio no nos acompaño y si mi memoria no me falla alguno de mis primos mayores tampoco fue, no estoy seguro.

Cuando llegamos el recinto estaba lleno,'para variar'y fuimos entrando a través
del pasadizo que conduce a la caja registradora en donde ordenariamos los helados. Chino Fue el primero (y el último) en pedir. Al considerar este muy elevado el precio del susodicho manjar exclamo indignado: "es una cachetada a la pobreza". La idiota de la cajera entendio esto como un insulto dando lugar a un intercambio de palabras y finalmente opto por llamar al dueño para que tomara las medidas correspondientes. El dueño, un italiano de bigotes muy poblados,al estilo antiguo, se fue acercando a Maqueta por atraz cuando este caminaba por el mencionado pasadizo en dirección a la calle con la intención de abandonar el lugar debido al intento frustrado de comprar el anhelado postre por ser este inaccesible para la economía de su bolsillo, situación que no cambiaria mucho hasta hace unos años en que empezara a comerciar sus hermosos diseños con pitucos y decoradores del “yetset" de Lima.
Al llegar el bigotón lo suficientemente cerca como para tocarlo, le clavo un rodillazo en el orto de la forma mas traidora y matonesca. Chino no era la persona indicada para ser agredido de esa forma, aunque era muy flaquito y pequeño era muy ágil y tiraba bronca que daba miedo; jamás se perdia la oportunidad de participar en las broncas masivas que a veces ocurrian en los tonos a los que frecuentemente entrabamos sin ser invitados, generalmente escalando el muro frontal, escabullendonos entre los invitados o simplemente rogandole al portero de turno que nos dejase entrar, a fin de cuentas ya estabamos con terno.
La reaccion de Chiní no se hizo esperar, al sentir el traidor golpe por la espalda, volteo inmediatamente y acto seguido le imprimio al mafioso un potente cruzado de derecha que impactó en su mandíbula dejándolo grogui por unos segundos; todo esto lo recuerdo claramente. Al recuperarse del tremendo impacto el miserable llego tambaleando al mostrador donde se encontraban los mozos y les informo del hecho procediendo estos con ayuda de los agentes de seguridad a comenzar con un conato de bronca que, ya afuera del local, terminara con nuestra huida corriendo hacia el parque Ramon Castilla.

Mis primos siempre participaron en la prueba de 100 metros planos en ADECORE y otras pruebas de agilidad, Daniel tambien corria rapido, especialmente cuando lo perseguian, en este caso a balazos, por lo tanto corrieron rapidísimo dejándome a la zaga. En ese entonces yo traia puestas unas botas muy pesadas que me regalo mi tio Carlos para ir de cacería y unos jeans muy apretados que tenian el tiro un poco bajo, cosas que definitivamente dificultaron mi huida, sin mencionar el terror que me producia el sonido de los disparos por la espalda. Sabia que yo era el último y que la persona que nos perseguia disparando se acercaba cada vez mas, entonces cuando ya me enfilaba a seguir corriendo por la calle lateral del mencionado parque en direccion a la Arequipa, opte, a los pocos segundos de voltear la esquina, por meterme al jardin delantero de una de las casas que daba frente a este parque y esconderme alli hasta que pase mi perseguidor. El problema fue que el arbusto que escogi para camuflarme me llegaba a la rodilla y que el tipo me vio entrar al jardín y dejo de correr al saberse dueño ya de un prisionero.
Me apunto con su pistola y me ordeno a viva voz levantar las manos, cosa que hice inmediatamente. Jamas dije “me rindo” como mi querido primo Bore solia contar para darle a la historia mas jocosidad, actitud que luego heredara Chino con similar afán . Es imposible que él hubiese visto u oido algo ya que para ese momento, dada su agilidad, ya se encontraria al otro lado del parque y corriendo aun. Ademas yo estaba tan asustado que apenas pude emitir unos gallitos tratando de decirle al policia al que fui entregado que deseaba llamar a mi Papá. En esas circunstancias es muy dificil hablar claro.

En menos de un minuto despues de ser apresado y llevado el la puerta del Blue Moon, aparecieron lealmente mi hermano Daniel y algunos de mis primos que ya habian logrado huir exitosamente pero se habian percatado de mi captura y regresaron por mí. Ya no recuerdo bien quienes no regresaron. Creo que no se enteraron de que fui atrapado hasta mas tarde y huyeron en direcciones diferentes, no recuerdo bien esa parte, quizas alguien pueda aclarar.

Inmediatamente llego la policia y nos metio al patrullero de forma violenta acabando con la discusión.
Llamamos a mi Papá para que nos saque y al poco rato lo vimos llegar. Una vez enterado de los hechos protesto indignado en la comisaría por el incidente y luego nos saco de allí para llevarnos sanitos y salvos a casa. Mi Papá era tranquilo pero tenia los cojones bien puestos.

Supongo que entre los protagonistas de este incidente habra alguien que pueda aclarar, desmentir o añadir algo.

Felicito una vez mas a Tocineta por la idea del Gabinete y le agradesco haberme invitado a conocerlo. Me siento muy contento de poder participar en él !!!!!!

Blue Moon

Me encantó recibir la llamada de Juan Antonio (alias Juansimón) para saludarme por el Día de la Madre. Con ese motivo, y después de habernos cruzado muy sinceros cariños y arrumacos, conversamos sobre la buena idea que tuvo alblond de crear este blog que permite a todos los
interesados en revivir el pasado, entrar en él y contar sus aventuras. Pero ahí no termina la utilidad del blog. Hay una secundaria o terciaria, no sé, que me viene informando fiel
y efectivamente , de cuanta trastada han hecho mis hijitos y sus aledaños en cuanto pudieron sacar los pies del plato. Naturalmente, los aledaños son sus queridos primos no hermanos (vale
decir segundos) amigos íntimos, otros no tan íntimos y todos los que estuvieran dispuesto a
compartir los riesgos.
Esta mención se la debo a mi hijo alblond, porque debo confesar que me
encanta y como "el tiempo todo lo borra" ya no siento verguenza de sus barbaridades.

Al respecto, uno de las historias que siempre me ha intrigado y cuya verdad muero por conocer,
es la famosa del Blue Moon que terminó en la Comisaría de San Isidro. A ver pues, Juansimón
ayer en nuestra conversación te emplacé y también espero que todos los demás integrantes
aporten datos. !!Please!!

Sunday, May 14, 2006

Madres, en vuestras manos tenéis la salvación del mundo.
Leon Tolstoi

Saturday, May 13, 2006

Los profesionales


Algunos pasamos por el fútbol con pasión amateur,en esos tiempos era dificil concebir en jugar y sostenerse via el fútbol rentado.Yo logré un campeonato ADECORE de menores y otro en mayores,los compartí con Pino y el Negro entre otros.Estos campeonatos fueron organizados y sostenidos por sacerdotes deportistas como el Padre Hervé,el Cura Cuevas y algún Hermano Marista entre otros.Fué justamente el Cura Cuevas quien llevó a su equipo hasta el fútbol profesional,y en él se le dió la oportunidad de jugar a la siguiente media generación.En la foto,Bore,que había jugado con la crema desde las divisiones inferiores.(4º en cuclillas) en que año fué esto?

Friday, May 12, 2006

Maradona


No presentamos este documento para sacar pecho,es como tener un autógrafo de Galán Garcia,pero si pensé, que, a quien trabajo le costó conseguirlo debe gustarle saber que aún existe.
En que visita de Maradona al Perú se obtuvo este autógrafo ? Esperemos que el cazador que lo logró nos aclare esta interrogante.
Nóten que en el sobre figura la dirección de los Reyes Rojos en Santa Catalina.

Wednesday, May 10, 2006

El Equipo


Escenas como esta eran frecuentes todos los fines de semana luego de culminar los encuentros.La foto aunque borrosa-fue tomada tras la alambrada-muestra a algunos de los jugadores.Al centro nótese al "Cabeza de Borrego"y su tradicional sonrisa.(Este gesto lo copió Ronaldinho décadas después) Atrás,Pino,Miguel,Hernán Trigo y Eduardo Bedoya rodeados de hinchas.Desplegando la bandera con el nombre del Equipo,Alberto y el Chato .A la izquierda de la vista ,9´9´,llegando apurado y sin zapatos.
Entre los pequeños hinchas está Percy Cottle con su tradicional casaca verde y gorro,a su lado Jaicho ,también con gorro y al fondo tratando de salir en la foto el Chino saca la cara.Se vé también al Chacal,Berrocal y el otro Trigo.

Saturday, May 06, 2006

FEDERICO BLUME


Corría 1974 y era casi una superstición que el Perú sufría un terremoto cada 4 años.El primero que recuerdo fué en 1966,eran como las 4 de la tarde y me veo bajando a trancos por la escalera roja de 2 de Mayo,mientras escuchaba los histéricos alaridos de Chenta,pidiendo al Señor que aplacara su ira. Nos sorprendió luego en Mayo de 1970 ,al terminar el partido inaugural del mundial de Mexico ,salgo al garaje a dominar el balón emocionado por el próximo debut peruano y el piso empieza a temblar con tal fuerza que me deja en calidad de pelota debido al fortísimo sarandéo del suelo. 4 años mas tarde , confirmando la norma, era 1974 y me encontraba en San Bartolo con el Negro del Carpio y el Chato Glave buscando un albañil para recontruir la casa de este último ,que acababa de ser fuertemente dañada por otro sismo.
El albañil,pescador,cocinero y conversador,antiguo conocido de los Glave se llamaba Lino Caldas,para los habituales "el Gallo" y no sé por que ,para nosotros "el Chacal". Este nos sugirió,reforcemos a un equipo que tenían inscrito en la liga de segunda amateur de Miraflores,que por ser nueva no tenía ni estadio y jugaba en el municipal de Barranco.Se llamaba "Federico Blume",nombre del parque donde ellos sireaban a las servilletas de la zona bacán de Miraflores.
La idea fue madurando y nos presentó a su gente,los hermanos Berrocal y HernanTrigo entre otros. Eran gente del barrio de Santa Cruz,por La Mar y Mendiburu. Vimos el potencial,y argolleros ,logramos 10 de los 11 puestos titulares del equipo,solo quedó del barrio el marcador izquierdo,Machi.
A los primeros partidos se presentó la siguiente formación: En el arco,Eduardo" Vozarrón" Bedoya, marcando al puntero derecho, Machi ,Carlucho Gonzales y el loco Rubio como backs y marcando al puntero izquierdo ,Reynaldo "el Flaco " Bedoya ,hermano de "Vozarrón" , malogrado pocos años después en un accidente automovilístico en Europa del Este. Limpio y técnico como Nicolás Fuentes.En la contención, Pino, fuerte ,tractor y en la plenitud de su estado físico. Creadores ,El Chato,uno de los últimos exponentes del fútbol como regalo al expectador,de aquellos que priorizan la quimba y la gambeta al avance efectivo, y el Negro, zurdo,cabeza levantada ,tranco largo y buen remate ;muy conciente tal vez de la valía de su integridad física.Y para completar el clásico 4-3-3 de la época, el Cabezón Santa Maria ,veloz puntero izquierdo , Miguel ,habilísimo dribleador con capacidad para definir en pequeños espacios , cualidad que lo convertiría a la postre en el goleador del equípo con 11 de los 13 tantos anotados -Convirtieron también"Cabeza de Borrego",apodo que recibía el Negro gracias a su African loock. y el Dr. Carlos de la Fuente ,apodado también por las tribunas 9´9´´a raiz a su velocidad, la que hacia pensar en el recordman de 100 metros planos, Jim Hines -Completaba la formación como puntero derecho el velocísimo 9´9´´.
El Blume fué apilando rivales en el camino,todo Santa Cruz temblaba al saberse el rival de la próxima fecha.El equipo era respetado hasta por los viejos delegados como Cárdigan del Falconí ,Emilio Rojas del Carasucias,etc.
La gente llenaba el estadio de Barranco para ver jugar a este equipo de "pollitos de granja"que apilaba rivales.Camiseta celeste,pantaloneta blanco y medias del mismo color hacían presagiar lo que sería el Sporting Cristal algunos años después.
Las chicas,hijas,esposas o cuñadas de los dirigentes e hinchada se esmeraban en servirnos los refrescos o pasarnos el polo seco para no enfriarnos después del partido.Y entre los palomillas andaban Laines,Chino,Bore,Percy,Willy,Monero tal vez,quienes vibraban con el desempeño de su equipo.
Los jugadores nos pervertimos,pedíamos plata para pagar el bussing,decidíamos hasta cuando se tomaba la chela en los festejos,y hasta cambiábamos el horario de los entrenamientos.
Se entrenaba en el parque Blume,muy cerca de la casa de la Abue en Lord Nelson,los perros todavía no cagaban en los parques y serenazgo no existía.
El esfuerzo de la gente llevó al equipo hasta la final,nuestro entrenador,el negro Raúl insistía que el equipo debía ser ordenado y jugar para ganar,esta, mas una cuantas vueltas al parque eran la receta.
El último partido del campeonato nos tocó jugarlo contra el "Carasucias",del curtido Emilio Rojas,por ese entonces casi administrador del mercado de Santa Cruz.Quien ganaba,campeonaba,y nuestros dirigentes pecaron de ingenuos al no decirnos que el empate nos favorecía,pensaron que debíamos salir como siempre ,hacia adelante y todo saldría bién.
Teníamos una baja importante,Pino , quien había decidido salir a conocer el mundo y no pudo estar para ese encuentro , no recuerdo quien lo reemplazó, pero si,que hubo una polémica sobre lo correcto de su acción.Y, el "Cabeza de Borrego" que había sido fuertemente golpeado en el partido anterior y no estaba en la plenitud de su estado físico.
El estadio estaba lleno,hermosas gringuitas que llevaba nuestro amigo Toti adornaban las tribunas.Los nervios te hacían buscar el inexistente baño y no le tenías paciencia a nadie.
Empezó el partido y nos fuimos con todo hacia adelante en busca del gol,y! zaas ¡,nos encajaron uno, justo después de que Alberto había salvado con la cara un disparo a quemarropa desde el borde del area chica.A la postre éste gol sería el resposable de borrar de la historia a este ciclón que queria barrer con la liga de primera amateur de Miraflores.
Las normas vigentes prohibían a los mayores de 18 años seguir jugando en segunda , por esta razón Miguel y Alberto tuvieron que dejar el equipo y fueron contratados por el Carasucias para tentar suerte en la liga a la cual acababan de ascender .Y no cobraron ni un sol.
En la foto,El Chato (a) Solyenitzen,Pino y Miguel,los hinchas,Diablo y Pepe.

Con la colaboración de Carlos Glave Testino y Carlos Del Carpio Palomino.
Foto:Miguel Rubio Del Valle.

Wednesday, May 03, 2006

Tómense un tiempito y lean este poema de Konstantino Kavafis. Se llama Ítaca y sirve de consuelo - y a la vez de estímulo - para cuando las cosas no van tan bien como uno quisiera. Hasta pronto, flojos lectores del blog.

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Poseidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Poseidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ella, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.