
El otro dia mientras veía a un respetable caballero arrebatarle la cartera a una señora,reflexioné sobre como las apariencias engañan.
Con los dulces niños de la foto sucedió hace muchos años un hecho que para quien mirase esta fotografía nunca pudo haber sucedido.
Eran las épocas de navidad y el uso de cohetecillos era una cosa de todos los dias.Cierta noche,a esas horas en que los niños ya comieron,y los mas jovenes se sientan a chismear en su dormitorio,el niño Alberto fué tentado por sus hermanos para poner un cuetón ,de los rojos, bajo la cama de su hermana mayor.Claro,lo convencieron,seguramente por que ellos andaban picones por algun desplante que habrían recibido.
Albertito,deseoso de ganarse la admiración de los mayores,no dudó y se deslizó subrepticiamente bajo la cama de Genca,encendió el cuete,el que había sido preparado para que tenga exploción retardada,y huyó.Dominábamos casi todos los aspectos de la vida,y ese, el de la pirotecnia no nos era ajeno,se sabía que girando la mecha en sentido contrario a las agujas del reloj se lograba estirar el papel, que enrrollado la conformaba.Solo faltaba frotar con los dedos para sacar un poco de pólvora ,volverlo a enrrollar y tendría una mecha lenta.Esta operación le permitió a Alberto encender el cuetón con la braza de la punta de un trozo de pavilo y huir a buen recaudo.
El estruendo fué atróz, Genca se pegó el susto de su vida y llorando de nervios y cólera fué de inmediato a acusar el hecho.No fué necesario,toda la casa se había enterado de la bestialidad,y como siempre no había nadie para defender al héroe.Pobre niño, nunca pensó en que la mecha lenta no sirve para escapar de la educación paterna.
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