Siempre el mismo ritual para antes de acostarse. Oía balbucear a alguna modelito tonta que con suerte iba a mostrar sus silicónicos pechos antes de apagar el televisor, hacía lo propio con la luz del cuarto, encendiendo una lamparita de noche que lo iluminaba lo suficiente para volver a la cama luego de acabar con el tele. Se metía entre las colchas, siempre boca arriba. Le gustaba mucho la caricia de las sábanas frías. Cambiaba de lado una, quizá dos o tres veces, hasta que volvía a mirar el techo, para finalmente cerrar lentamente los párpados e imaginarse como James Bond en algún súper equipado BMW, o tal vez John Lennon en el escenario del Shea Stadium, haciéndole guiños a Paul McCartney porque no recordaba la letra de alguna canción. Eso era suficiente para que empezara a dormir, y esa noche no debía ser la excepción. Pero él no contaba con el ruido.
Lo primero que notó fue el ruido a humo de cigarrillo. Eran grandes As y Es, blancas, un poco azuladas, esponjosas, casi de algodón. Pasaban por su ventana roncas y tosiendo, elevándose a medida que se expandían y perdían su forma, hasta que se desvanecían en el horizonte del silencio. Al instante se paró de la cama, sin comprender aun muy bien qué lo perturbaba, y se acercó a mirar. Entonces notó el chasquido de la cerveza cuando cae al vaso. Pero no era solo un vaso, era una inmensa catarata dorada que pasaba frente a él, le golpeaba los sentidos y volvía a irse por donde venía, fluyendo hacia arriba, una cabeza espumosa que seguía un cuerpo dorado, un dragón hubiera dicho un oriental. Pero él no era oriental, sabía que era el chasquido de la cerveza cuando cae en el vaso y sabía que andaba por ahí, cómplice, jorobando junto al ruido de humo de cigarrillo. Comenzaba a perder el buen humor y la paciencia que -lastimosamente, pensaba él- lo caracterizaban. Con el ceño fruncido vio pasar por su ventana risas alegres y tambaleantes, eructos malolientes e irrespetuosos y besos y coqueteos que lo miraban a los ojos, le sonreían atrevidos y se largaban de la mano dejando una estela de gemidos y jadeos.
Y él estaba cansado y quería dormir. Ya no podía soportarlo ni quería soportarlo más. ¿Por qué tenía que estar oyendo esto? Lo único que quería escuchar era ese recurrente diálogo en sueños con Marylin Monroe, si eso. Ese raro y tan hermoso, profundo y excitante diálogo. Y de pronto canciones que viajaban raudas junto a su ventanal, desafinadas, incomprensibles, horripilantes y nada de Marylin diciendo te amo y de él respondiendo yo no y golpeando sin piedad. Se paró ofuscado y salió de su cuarto para pensar, se detuvo en el teléfono y lo miró.
Volvió a su dormitorio con una sonrisita maliciosa, se paró junto a la ventana. Una columna de ruidos subía al lado de él, llenando la habitación de notas y sonidos. Estaban ahí el tintineo de los hielos y el rústico y vulgar escocés del whisky, correteándose unas a otras unas risas pasaban de la mano de un grupo de aplausos formando una pandilla de alegría. Irreverentes y molestos, los sonidos atravesaban su cabeza. Cuando de pronto sintió a la guitarra de Jimi. La apreció, fantásticamente blanca. La Stratocaster con las cuerdas volteadas subió, como los otros ruidos por la misma ventana, pero con una luz propia que él no quería que se apague. Hizo una ligera mueca de pena cuando la notas de una sirena -unas bajísimas y otras altísimas, cosa que le hizo un poco de gracia- golpearon la columna y la cortaron de golpe, de un solo tajo. Todo había terminado.
Se dio vuelta, camino hacia su cama y se metió boca arriba, cerró lentamente los párpados y se imaginó que era Jimi, subido en un escenario tocando con los dientes una melodía virtuosa y exquisita mientras con las manos golpeaba brutalmente a Marylin Monroe y le gritaba que lo perdone, que si la amaba, pero que la fiesta de al lado lo estaba volviendo loco. Y se durmió.
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2 comments:
Conforme leia cuajaba cada vez mas,si,exelente,solo que no debiste ser el primero en opinar.Creo que Perez Reverte también escribe alalimón con su hija,ya pués.
No creo que haya nada que entender,solo leer.Halago el artículo y luego los invito a escribir juntos debido a las exelentes cualidades de ambos.
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