Monday, May 28, 2007

Tres Cuadras

La casa nueva. ¿Cuánta importancia puede tomar en uno -como persona- esa frase? Porque casa nueva, y asi lo dice el dicho, es vida nueva. Es dejar atrás, paredes y alfombras pintadas de recuerdos para dejar nuevas huellas en una vida que. al ritmo que más le parece, avanza sin detenerse. Recuerdo que mi mochila azul pesaba más aquel día en que llegué a Lord Nelson y vi el camión, bastante pequeño, llenándose con mi cama, que ya no era cama sino que estaba separada en cómodos fascículos. Subí para darle esa mirada nostálgica que se les da a las casas desnudas. En esos instantes uno se percata de cosas que nunca vio, le encuentra un rostro al hogar, una mirada de despedida que hace que los vellos del brazo se erizen, y que el estómago revolotée. Entonces decidí partir. Algo me hizo apurar el paso, corrí casi deslizándome por la escalera de servicio del 469 de Lord Nelson, justo a tiempo para evitar que un mudancero lance mi Fender Stratocaster blanca y hueso dentro del camión, como si fuera un cuerpo encontrado en el puente Atocongo en dos bolsas negras. Suave flaco, le dije, eso es delicado. Me sonrió y me dijo que era material fuerte, no es la primera guitarra que embalo sobrino. Ni soy tu sobrino ni me interesa que no sea la primera guitarra, le pensé decir mientras se la quitaba de las manos con actitud patronesca, que realmente pocas veces tengo. El Baden Powell es un parque bonito, largo, con dos senderos que lo cruzan y que tienen dos bancas a cada lado, los árboles le dan sombra a algunos trabajadores de construcción civil que jatean después del almuerzo en táper. Lo cruzo lentamente, he estado sentado en sus bancas miles de veces, me han botado miles de serenos y estoy seguro de haber acariciado a todos los perros que se han paseado por ahi. Sobretodo a un fantástico ovejero inglés que va de lado a lado del parque en tres segundos, enérgico y juguetón. Me siento a mirar las casas, la salida a del Llano Zapata y volteo a ver la ventana del comedor, aquella por donde veía las cabezas de mi abuelita, de Tossi y de la tía Carmen, cada vez haciéndose más pequeñas.
Esa parte de la avenida Angamos es totalmente comercial. En solo dos cuadras tenemos toda una serie de empresas que ofrecen sus productos o servicios. En San Antonio recomiendo siempre un Tres Jamones, luego si la comida lo despeina puede visitar Specchi para un peinado de lujo y con el valor de una moto pequeña. Freddie Ljunberg lo recibirá al lado, modelando unos calzoncillos Calvin Klein que hasta a Vicenta le quedarían bien. Luego Nazca Quorum, una empresa de publicidad y después uno de los miles de estudios de abogados que hay en la zona. Todo caro, todo chick, todo nivel A. Al costado de la tienda Lacoste, donde uno puede elegir entre comprarse un polo o un jet privado, la diferencia de precio no debe ser mucha, está la calle José Quiñones. Ya se habló del piloto que se lanzó con su avión contra los ecuatorianos, asi que no lo haremos más. Solo debo decir que me hubiera gustado que alguien haga lo mismo contra el Tin Delgado, a ver si así deja de vacunarnos cada vez que viene a jugar acá. Es una bonita calle, de tres cuadras, va de Angamos a General Córdova, con algunas casitas de jardines exteriores pequeños y con algún arbolito bien cuidado, pero lo que priman son los edificios. Siempre los edificios modernos que ahora parecen tomar y poblar MIraflores, esos con un lobby de portero aburrido, de sillones posmodernos de metal, y de empleadas conversando mientras el perro se desespera por salir a echar una meada. Hay toda una red de comunicación entre porteros, empleadas y guachimanes, tanto asi que estoy seguro que el de Angamos se entera rápidamente de las noticias de General Córdova. Del lado de la acera derecha está el parque Federico Blume, símbolo de la familia Rubio. Los nietos habremos escuchado hasta el cansancio de las hazañas de Pinillos, Tossineta y Miki, en la liga de Miraflores, en un equipo del mismo nombre. Ahora se le ve más urbano, no se cree que uno pueda entrenar ahi, no se cree que pueda haber existido un equipo de barrio legendario. Quizá si en vez de la cabeza seria y aburrida de Blume estuviera en el centro del parque una estatua de cuerpo entero del chato Glave. Es más grande que el Baden Powell, y más bonito, pues está cercado por casas y edificios y está muy bien cuidado, con senderitos que usan los muchachos para montar cleta y un montón de pasto donde, quién sabe, puede estar haciendo sus primeras fintas el próximo Messi. En una esquina del famoso quepar hay un edificio blanco, que muestra sus bellos balcones de madera y metal hacia los árboles, y en el segundo de esos balcones, se ve a la señora Mary leyendo el Perú 21 del día, desalojaron a los de Sta Anita, finalmente, que bárbaros para tener tres semanas a los niños ahi, de escudos, tu sabes pues Carmen, no Mary, yo no entiendo nada. La puerta de madera se abre para mostrarnos un corredorcito que atraviesa el comedor, a la izquierda y la salota, a la derecha, con mucha iluminación, y una hermosa vista, no al parque, sino al balcón que está practicamente en el parque. A la derecha de la puerta principal, de inmediato, está la cocina, de reposteros marmoleados negros, y puertas de vidrio ahumado. La lavandería y el cuarto de Julia al lado, la zona blanca de la casa donde la ropa trata de tomar sol, aunque con este frío. Pasando el comedor llegaremos a la salita de la compu, tenemos un ligero problema de paso ahi, necesitamos un poco de habilidad para llegar a los dormitorios cuando alguien usa la máquina, no es una empresa imposible, pero incomoda. Una vez salvado el impasse hay tres puertas blancas, a la izquierda, mi cuarto, con una guitarra en cada esquina, vista al departamento del frente y la tele muy muy cerca de la cama en una miope costumbre. Al frente mi baño, pequeño pero acogedor, con una ducha caliente como el mismo infierno que se empecina en empañar el espejo desde las 8 am, hasta las 6 de la tarde. A la derecha, siempre impecable y lleno de clósets blancos, el cuarto de la abuela. Con una hermosa ventana al Blume, y el orden y magnífico sentido de la decoración de la señora Mary. Es el lugar más bonito del departamento, junto con el conjunto sala-balcón, de la casa. Cualquiera se siente cómodo ahi, cualquiera diría que es sumamente afortunado de poder reposar en esa cama o leer el periódico viendo el parque donde derrocharon calidad los antepasados. Y asi empieza esta historia... curiosa manera de terminarla.

6 comments:

alblond said...

Ahora cuando uno lo ve parece mentira,pero si,nosotros entrenábamos en ese parque,con quien? Raúl o Custodio ?.
Dario,explica un poco lo del "label"
parece que se le puede dar un buen uso , y sobre todo cuando el blog está tan grande como este.

Miguel said...

Excelente, Darío. Excelente.

Miguel said...

No sé cómo publicar una entrada. ¿Pueden ayudarme?

Darío Rubio said...

El renacimiento del blog todavía es débil y timorato. La campaaña de Tossineta estaba siendo apoada por nuestro corresponsal en Europa que parece haber desaparecido. Donde estás Oso? Nuestra lucha por resurgir la revista familiar está en pie.

Juan Rubio said...

crea una cuenta en Google haciendo click en "registrate aqui" en la columna donde escribes tus comentarios. (supongo que ahora tienes una ya que has publicado tu comentario). Luego haces click en el link contenido en el e-mail que envio alberto hace unos dias. Te van a pedir usuario y contraseña para poder acceder al blog. Luego haces click en el icono anaranjado de "BLOGGER" ,el mismo que usabas antes. Eso te va a llevar a una pagina en donde encontraras el titulo "Nueva entrada" y ya estas en el blog !!
Con ese usuario y contraseña.

Dario, has heredado definitivamente las habilidades de tu padre !!!!

oso said...

Verdaderamente impresionado por el gran relato. No he desaparecido, solo un poco ocupado, pero siempre feliz de que esto vuelva a girar. Cuando regrese de visita me será más fácil familiarizarme con la nueva casa. Por cierto... hay una poesía al respecto, creo que se llama "La casa nueva" a ver si alguien se entera de eso.
Ya pronto haré una entrada más larga que mi tímido intento de reforzar el hilo que Tosinelli ha mantenido intacto